domingo, 26 de julio de 2009

Golpe de Estado en Honduras IV. (Escribe Fredy Ramírez Barrera)

Resulta curioso lo que sucede en Honduras, por un lado dicen los golpistas que de entrar el Presidente Zelaya a Honduras, será capturado; se supone que puesto a la disposición de los tribunales competentes, sin embargo, primero, el susodicho trata de aterrizar en el aeropuerto internacional de Tegucigalpa y los golpistas bloquean la pista de aterrizaje. Luego del fracaso de la ronda de negociaciones en Costa Rica, Zelaya se envalentona y amenaza con entrar por tierra. Es asi como prácticamente lo vemos ubicado en la frontera entre Honduras y Nicaragua e intenta, de nuevo, ingresar a su país. Toda la prensa del orbe nos proporcionó la noticia, con imagen y todo, del Oficial del Ejercito que, en lugar de capturarlo le da la mano y le saluda con mucho respeto, en lugar de aprehenderlo. Por otro lado, Zelaya recibe una llamada de Hillary Clinton, quien le exhorta a la reflexión. Todo esto parece contradictorio: unos señores que dicen que lo quieren capturar pero que no lo capturan. ¿Por qué?. Y, una llamada de un aliado-USA- que le reconoce como el único presidente de Honduras, llamándole a la cordura. De hecho, el ambiente es tenso, porque se teme que la crisis pudiera agravarse hasta desatar una hipotética guerra civil. Se mueven las piezas en el tablero y se definen estrategias. Según nuestro punto de vista, la burocracia es lenta pero camina, por lo que la solución de este problema tiene que ser tratado con mucho cuidado, dado que las decisiones a la carrera parece que en política no funcionan. Si el Presidente Zelaya cuenta con la bendición de Barack Obama, lo menos que puede hace es tener paciencia, en virtud que, el hombre fuerte del país más poderoso de la tierra está comprometido hasta la coronilla con la democracia, y esa ruptura al sistema, como se ha tipificado a lo sucedido en Honduras, y según parece, en ese sentido lo interpreta la comunidad internacional, no es tolerable, por lo que de alguna manera, la palabra empeñada por el mandatario estadounidense, tiene que ser la guía que oriente el entendimiento del depuesto presidente de Honduras. Por el bien de todo un pueblo que a la larga resulta ser solo una víctima más de las confrontaciones ideológicas que asolan históricamente a nuestro planeta. Esperamos que la cordura sea la luz al final del túnel.

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